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4 de octubre de 2026 · Fernando Ramos

Biovolume en la sonrisa gingival: un análisis crítico de lo que este artículo realmente demuestra

Un informe de caso publicado en 2026 presenta buenos resultados en el tratamiento de la exposición gingival. La técnica es interesante, principalmente en los casos de hipermovilidad del labio superior, pero algunas conclusiones merecen analizarse con cautela.

El artículo “Correction of the gummy smile when there is vertical growth of the maxilla and resistance to orthognathics” presenta el tratamiento de una paciente con sonrisa gingival de origen multifactorial. En el caso descrito había tres componentes principales: erupción pasiva alterada, hipermovilidad del labio superior y exceso vertical del maxilar.

Este quizá sea uno de los primeros méritos del trabajo: comprender que la sonrisa gingival no es, por sí sola, un diagnóstico.

Distintas alteraciones pueden hacer que una persona muestre encía en exceso al sonreír. En algunos pacientes, el problema se encuentra principalmente en la posición de la encía con respecto a los dientes. En otros, el labio superior se mueve excesivamente. También hay situaciones relacionadas con el crecimiento vertical del maxilar. Y, con bastante frecuencia, más de uno de estos factores está presente al mismo tiempo.

Por eso, no existe un único tratamiento que pueda aplicarse de la misma manera a todos los pacientes.

¿Qué se hizo en el caso presentado?

Los autores propusieron un abordaje combinado.

Se realizó un alargamiento de corona clínica para tratar el componente relacionado con la erupción pasiva alterada. Para controlar el movimiento excesivo del labio superior, se colocó un dispositivo denominado Biovolume en la región de la premaxila. Posteriormente, el tratamiento estético se complementó con carillas cerámicas.

El Biovolume funciona, de manera simplificada, creando un volumen en la concavidad existente en la región anterior del maxilar. Este nuevo contorno actúa como una barrera mecánica que dificulta que el labio superior se desplace excesivamente hacia arriba al sonreír.

Y aquí se encuentra, en mi opinión, una de las partes más interesantes del artículo.

En el caso presentado había hipermovilidad del labio superior y, después del procedimiento, se produjo una reducción evidente de la exposición gingival. El resultado presentado a los dos meses es estéticamente satisfactorio.

Por lo tanto, el trabajo aporta información clínica relevante: en pacientes en quienes la hipermovilidad labial contribuye de manera importante a la sonrisa gingival, el Biovolume puede ser una alternativa capaz de producir un buen resultado a corto plazo.

Esto merece reconocerse.

El problema comienza cuando intentamos convertir este resultado inicial en algo que el estudio todavía no puede demostrar.

¿Un buen resultado a los dos meses significa que el tratamiento es definitivo?

No.

Y esta diferencia es importante.

Estamos ante el informe del tratamiento de una sola paciente, con seguimiento durante un período relativamente corto.

El artículo muestra que la técnica funcionó en ese caso y durante ese período. Esto es válido y tiene interés clínico. Pero no basta para determinar cómo se comportará el resultado después de uno, dos o cinco años.

A pesar de ello, el trabajo utiliza expresiones bastante contundentes al discutir la técnica, sugiriendo previsibilidad, bajo riesgo de recurrencia e incluso ausencia de riesgo de recidiva.

Es precisamente en este punto donde considero necesaria una mayor cautela.

No observar recidiva durante dos meses es distinto de demostrar que no existe riesgo de recidiva.

Para responder a esta pregunta serían necesarios estudios con un mayor número de pacientes y, principalmente, seguimiento a medio y largo plazo.

Lo ideal sería seguir a estos pacientes en períodos sucesivos, por ejemplo, seis meses, un año, dos años y posteriormente intervalos aún mayores.

Solo entonces sería posible comenzar a comprender la verdadera estabilidad de la técnica.

¿Y el exceso vertical del maxilar?

Este es otro punto que requiere una distinción importante.

El Biovolume no modifica la posición del maxilar.

Por lo tanto, no corrige propiamente el exceso vertical del maxilar.

Lo que puede hacer es disminuir una de sus manifestaciones estéticas, limitando el movimiento superior del labio y, en consecuencia, reduciendo la cantidad de encía expuesta al sonreír.

Esto no hace que la técnica sea menos interesante.

Para un paciente que presenta distintas causas de sonrisa gingival y no desea someterse a una cirugía ortognática, puede considerarse perfectamente un abordaje compensatorio, siempre que sus limitaciones se comprendan y se discutan.

Lo que no debemos hacer es confundir la mejora de la apariencia de la sonrisa con la corrección de la discrepancia esquelética que contribuyó a esa condición.

Son objetivos distintos.

¿Cuánto de la mejora se debió realmente al Biovolume?

Existe otra dificultad al interpretar el resultado.

La paciente recibió alargamiento de corona clínica, Biovolume y, posteriormente, carillas cerámicas.

Todos estos procedimientos modifican la apariencia de la sonrisa.

Por eso, al observar el resultado final, no podemos atribuir toda la mejora estética exclusivamente al Biovolume.

Sería muy interesante que los estudios futuros presentaran mediciones objetivas antes y después de cada etapa del tratamiento.

¿Cuánta encía se mostraba inicialmente?

¿Cuál era el movimiento vertical del labio?

¿Cuánto cambió después del alargamiento de corona?

¿Cuánto cambió específicamente después de la colocación del Biovolume?

Y, principalmente, ¿cuánto de ese cambio se mantuvo a lo largo de los años?

Las fotografías y los videos son fundamentales en el análisis de la sonrisa, pero las mediciones estandarizadas harían mucho más objetiva la evaluación de la técnica.

Una cuestión importante sobre el material utilizado

Hay otro punto del artículo que merece atención.

El trabajo describe la fabricación digital del Biovolume mediante CAD/CAM utilizando un prototipo elaborado en resina sintética. Esta pieza se esterilizó, se colocó en la región de la premaxila y se fijó con tornillos.

Sin embargo, las instrucciones proporcionadas por la propia empresa responsable de la fabricación del Biovolume indican que el prototipo no es la pieza definitiva.

El protocolo recomendado por la empresa prevé que este prototipo se duplique utilizando silicona de adición y que la pieza destinada a la implantación se fabrique en cemento quirúrgico.

Existe, por tanto, una diferencia importante entre el protocolo descrito en el artículo y el recomendado por la propia empresa responsable de la fabricación del dispositivo.

Esto debería haberse explicado en el trabajo.

Si el uso directo del prototipo de resina representa una modificación de la técnica, sería importante explicar claramente por qué se realizó este cambio y qué evidencias respaldan la permanencia de este material en el organismo.

Esterilizar un material no significa necesariamente que pueda permanecer implantado

Esta distinción también es importante.

El hecho de que un material pueda esterilizarse y tenga características de biocompatibilidad no significa automáticamente que esté indicado para permanecer de manera definitiva en contacto con el tejido óseo.

Son cuestiones distintas.

Cuando utilizamos un material como implante permanente, especialmente en un procedimiento electivo con finalidad estética, necesitamos conocer no solo su capacidad de esterilización, sino también su comportamiento a largo plazo en esa situación específica.

Sería importante evaluar, por ejemplo, la respuesta de los tejidos, la estabilidad de la fijación, posibles alteraciones óseas, infección, exposición del dispositivo, desplazamiento o una eventual necesidad de retirada.

Una vez más, dos meses son insuficientes para responder a estas cuestiones.

Un punto que requiere transparencia

El artículo declara ausencia de conflictos de interés. Sin embargo, uno de los autores es propietario de la empresa responsable de la fabricación del Biovolume presentado en el trabajo.

Esto no significa que el resultado clínico sea incorrecto ni permite concluir que haya existido alguna interferencia en los resultados.

Pero se trata de una relación directamente vinculada al producto discutido en el artículo y, por ese motivo, debería informarse claramente al lector.

La finalidad de una declaración de conflictos de interés es precisamente esa: permitir que el lector conozca las relaciones profesionales, comerciales o financieras relacionadas con el objeto estudiado y pueda interpretar el trabajo con toda la información disponible.

Tener un conflicto de interés no invalida una investigación.

No informar de una relación relevante, sin embargo, reduce la transparencia necesaria para la evaluación crítica del trabajo.

Entonces, ¿el Biovolume funciona?

Esta quizá sea la pregunta más interesante.

El caso presentado indica que sí, el Biovolume puede producir un resultado satisfactorio a corto plazo, principalmente cuando existe un componente importante de hipermovilidad del labio superior.

Y considero que este es un hallazgo clínico interesante.

La idea de modificar la anatomía de la región de la premaxila para limitar mecánicamente el ascenso excesivo del labio al sonreír tiene sentido desde el punto de vista clínico, y el resultado presentado en el artículo merece atención.

Lo que todavía no sabemos es si este resultado permanece estable a lo largo de los años.

También necesitamos comprender mejor qué pacientes se benefician realmente de la técnica, cuáles son sus posibles complicaciones y cuál debe ser el material ideal para fabricar el dispositivo definitivo.

Por eso, no descartaría el Biovolume.

Pero tampoco lo presentaría, con las evidencias disponibles hoy, como una solución comprobadamente definitiva o libre de recidiva.

¿Qué podemos concluir?

El artículo tiene el mérito de abordar la sonrisa gingival como una condición multifactorial y presenta un resultado clínico interesante.

Especialmente en el componente de hipermovilidad del labio superior, el Biovolume mostró una reducción satisfactoria de la exposición gingival a corto plazo.

Este resultado justifica nuevas investigaciones.

Sin embargo, un informe de caso con una sola paciente y un seguimiento de dos meses no puede demostrar seguridad y estabilidad a largo plazo, y mucho menos ausencia de recidiva.

También quedan cuestiones por aclarar en relación con el material utilizado, la diferencia entre el protocolo descrito en el artículo y el recomendado por la empresa responsable de fabricar el dispositivo, además de la necesidad de mayor transparencia en la declaración de conflictos de interés.

En la práctica clínica, quizá este sea el mensaje más importante: un buen resultado inicial es un dato importante, pero no equivale a evidencia de estabilidad a largo plazo.

El Biovolume surge como una alternativa interesante para casos seleccionados, principalmente cuando la hipermovilidad labial contribuye de manera relevante a la sonrisa gingival. Ahora necesitamos estudios más amplios y un seguimiento más largo para saber hasta dónde se confirma esta promesa.

Referencia analizada

SILVA et al. Correction of the gummy smile when there is vertical growth of the maxilla and resistance to orthognathics. RGO – Revista Gaúcha de Odontologia, 2026. DOI: 10.1590/1981-86372026000820230090.